Por: Dawson Alcantara

El triunfo por nocaut calma las aguas, aunque el verdadero reto será probar si todavía tiene nivel para la élite del boxeo.

Julio César Chávez Jr. volvió al ring y volvió a ganar, pero su regreso no se puede leer solo desde el nocaut, porque alrededor del Junior siempre hay algo más pesado que los golpes, su apellido, su pasado y la necesidad de demostrar que todavía le queda algo por decir en el boxeo.

En Reynosa, Tamaulipas, Chávez Jr. derrotó al colombiano Jhon Caicedo por nocaut en el tercer round, en una pelea pactada a 10 asaltos en peso crucero, el mexicano marcó 89 kilos en la báscula y terminó imponiendo su alcance, su experiencia y una pegada que, aunque ya no luce como en sus mejores años, todavía le alcanza para resolver combates de este nivel.

La pelea no fue una gran prueba deportiva, pero sí fue un examen emocional para un boxeador que ha vivido más peleas fuera del ring que dentro de él, Chávez Jr. no salió a comerse el mundo, tampoco mostró una versión espectacular, pero sí se vio más firme, más metido y con la claridad suficiente para no dejar crecer a un rival que nunca pudo acomodarse del todo.

El golpe que definió todo llegó en el tercer round, una izquierda a la mandíbula mandó a Caicedo a la lona y cerró la noche antes de que el combate se ensuciara o se volviera incómodo para el mexicano, fue una victoria rápida, limpia y necesaria, sobre todo para alguien que venía cargando críticas, dudas y una carrera marcada por altibajos.

Pero el punto no es si Chávez Jr. puede ganarle a rivales como Caicedo, el verdadero tema es saber para qué está regresando, porque vencer a este tipo de oponentes ayuda al récord, ayuda al ánimo y ayuda al negocio, pero todavía no responde la pregunta más importante, si el Junior realmente puede competir contra alguien de mayor nivel.

Su padre, Julio César Chávez, salió satisfecho y dejó abierta la posibilidad de que su hijo vuelva a pelear en tres meses, incluso habló de cerrar el año con una pelea de campeonato mundial si las cosas se acomodan, una idea que suena grande, pero que también obliga a medir con cuidado el presente real del Junior.

Chávez Jr. ya no está en la etapa de promesas, tampoco en la de paciencia, cada pelea suya se mira con lupa porque su historia no permite puntos medios, o convence, o vuelve a despertar las mismas críticas de siempre, por eso este triunfo sirve, pero no alcanza para hablar de una resurrección completa.

Al final, el regreso dejó una imagen clara, Chávez Jr. ganó, noqueó y volvió a levantar la mano, pero su pelea más dura sigue siendo contra su propia carrera, contra todo lo que dejó pasar y contra esa sombra enorme que siempre lo acompaña, la de ser hijo de una leyenda y al mismo tiempo tener que demostrar que todavía puede escribir un cierre digno con su propio nombre.

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