Cruz Azul pegó primero en los cuartos de final de ida y está a un paso de conseguir su boleto a la siguiente ronda, sin embargo la mejor noticia, el nivel de su refuerzo Christian Ebere.
Por: José Maria Borja
El Estadio Jalisco fue testigo de una noche de liguilla vibrante, pero más allá del 3-2 que pone a Cruz Azul con un pie en las semifinales del Clausura 2026, la imagen que se robó la noche no fue un marcador, sino un gesto de resiliencia. Christian Ebere no solo debutó en la fiesta grande con un doblete; jugó para alguien que ya no ocupa una butaca, pero que lo guía desde arriba.
El encuentro comenzó con la tensión propia de los cuartos de final. Rodolfo Rotondi adelantó a la Máquina al cierre del primer tiempo, pero la historia cambió en el complemento cuando Ebere tomó el protagonismo.
A pesar de la reacción del Atlas con goles de «Ponchito» González y Aldo Rocha que llegaron a igualar el marcador, el delantero nigeriano mostró una frialdad absoluta para sellar el triunfo desde los once pasos al minuto 87. Sin embargo, su celebración fue lo que realmente impactó a la afición: un momento de introspección y una dedicatoria silenciosa pero potente.
Este partido representaba mucho más que una ventaja en la serie. Tras anotar su primer gol de la noche al minuto 55, el atacante se tomó un momento para elevar la mirada. Recientemente, el jugador atravesó uno de los golpes más duros de su vida tras el fallecimiento de su madre, un suceso que puso a prueba su continuidad y enfoque en el torneo.
Con este resultado, los dirigidos por Joel Huiqui regresan a casa con una ventaja estratégica. Al Atlas de Diego Cocca no le bastará con ganar por la mínima en la vuelta; la posición en la tabla favorece a los celestes, obligando a los rojinegros a buscar una hazaña por dos goles de diferencia el próximo sábado 9 de mayo.
Cruz Azul sonríe por el resultado, pero sobre todo, por haber recuperado la mejor versión de un delantero que hoy juega con una fuerza que no es de este mundo.


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