Más de veinte mil aficionados llenaron el Madison Square Garden con la ilusión que no se veía hace dos décadas.

Por: Miguel Ángel Sánchez

Los Knicks llegaban al Juego 3 de las Finales de la NBA con ventaja de 2-0 en la serie y con la posibilidad de colocarse a un paso del campeonato.

Desde el inicio, San Antonio mostró que no había viajado a Nueva York para ser un invitado más en la fiesta. Los Spurs salieron agresivos y dominaron el primer cuarto 33-22 gracias a una gran actuación de Victor Wembanyama, quien parecía decidido a dejar atrás la frustración del Juego 2. El francés atacó, defendió y lideró a su equipo en los momentos más importantes. 

Los Knicks reaccionaron antes del descanso. Impulsados por el rugido de su afición y por el liderazgo de Jalen Brunson, lograron darle la vuelta al marcador para irse al medio tiempo con ventaja de 64-57. El Garden explotaba con cada canasta y, por momentos, parecía que la noche terminaría en otra victoria neoyorquina.

Sin embargo, las finales están hechas para los jugadores capaces de soportar la presión. Wembanyama tomó el control del partido en la segunda mitad y encontró apoyo en Stephon Castle. Entre ambos fueron apagando poco a poco la emoción de las gradas. Cada canasta de los Spurs era un recordatorio de que la serie todavía no estaba terminada.

En la “chiquita”, Nueva York intentó remontar, pero San Antonio mantuvo la calma. Cuando sonó la bocina final, el marcador mostraba 115-111 a favor de los Spurs. El silencio se apoderó del Garden. Lo que debía ser una noche de celebración se convirtió en una llamada de atención para los Knicks.

Las estadísticas reflejaron el dominio de las figuras visitantes. Victor Wembanyama terminó con 32 puntos, 8 rebotes, 6 asistencias y 3 bloqueos, mientras que Stephon Castle aportó 23 puntos, además de jugadas decisivas en el cierre. Del lado de Nueva York, Jalen Brunson también anotó 32 puntos, pero sus esfuerzos no fueron suficientes para evitar la primera derrota de los Knicks en estas Finales.

Fuera de la cancha también hubo un hecho llamativo. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asistió al encuentro, convirtiéndose en el primer presidente en funciones en presenciar un partido de las Finales de la NBA. Su presencia generó un fuerte dispositivo de seguridad y recibió fuertes abucheos de la multitud.

La serie ahora se encuentra 2-1 a favor de los Knicks, pero los Spurs demostraron que aún tienen vida. Mientras las luces del Madison se apagaban y los aficionados y celebridades abandonaban el recinto, una sensación quedaba en el aire: el campeonato todavía no tiene dueño y esta historia aún está lejos de terminar.

Edito: Natalia Bejaranos

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