La Selección Mexicana superó 2-0 a Costa Rica en un partido marcado por el roce, las faltas y la intensidad. Con goles de Hugo Camberos y Santiago Sandoval, el Tricolor aseguró su boleto a los cuartos de final tras imponer el talento sobre la provocación.
Por: Axel Pérez
Las disputas por la esférica comenzaron a escribirse desde los primeros minutos del partido. Cada balón dividido terminó en una barrida, cada duelo elevó el tono de los reclamos y, por momentos, el Estadio Cuauhtémoc fue más testigo de una batalla que de un partido de fútbol. México derrotó 2-0 a Costa Rica y aseguró su clasificación a los cuartos de final del Premundial Sub-20, pero el marcador fue apenas una parte de una historia marcada por la intensidad y el carácter.
El conjunto costarricense entendió que igualar la diferencia futbolística pasaba por el contacto físico. Las faltas fueron constantes y los conatos de bronca no tardaron en aparecer durante un primer tiempo en el que ninguno de los dos equipos estuvo dispuesto a regalar un metro del terreno. La paciencia mexicana fue puesta a prueba una y otra vez.
No fue casualidad. Días antes del encuentro, el técnico Álex Diego ya había anticipado el escenario al señalar: «Desde el inicio sabemos lo que tenemos que hacer y el equipo está bien. Lo conocemos, lo enfrentamos hace mes y medio. Es un rival fuerte, un rival que seguramente se nos vendrá en bloque y tratará de ensuciar el partido, pero nosotros buscaremos ganar como lo hacemos en todos los compromisos». Sus palabras dejaron de ser una advertencia para convertirse en la descripción más precisa de lo que terminó ocurriendo sobre el césped.

Con la clasificación en el bolsillo, Álex Diego analizó el carácter mostrado por la Selección Mexicana Sub-20 en un duelo marcado por el roce y la intensidad ante Costa Rica.
Créditos: Claro Sports
En medio de la tensión apareció la calma. Hugo Camberos rompió el empate desde el punto penal antes del descanso y obligó a Costa Rica a modificar un planteamiento que había encontrado en el roce su mejor argumento. Sin abandonar la intensidad, los ticos siguieron peleando cada pelota, mientras México comprendió que responder con desesperación significaba caer en el juego del rival.
La segunda mitad mostró a una selección mexicana más madura. El balón comenzó a circular con mayor claridad y el desgaste físico abrió los espacios necesarios para encontrar el segundo gol, obra de Santiago Sandoval, quien, tras una jugada bien construida, envió el balón al fondo de las redes para asegurar el triunfo por 2-0.
Quienes presenciaron el encuentro sabrán que la verdadera victoria estuvo en la capacidad del conjunto de Álex Diego para mantener la cabeza fría en un partido en el que el temperamento pesó tanto como el talento. Esa fue la diferencia entre competir y saber ganar.


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