• Después de muchos años, y ahora identificado con los colores azulcrema, ‘El Brujo’ recuerda su pasado como aficionado celeste.
Por: Osnelly Ramirez
El estreno de Voces Celestes tuvo como invitado a Álvaro Morales, cuya presencia provocó una curiosa contradicción: el podcast nació para hablar desde la identidad del Cruz Azul, pero su primer invitado llegó convertido en uno de los defensores más visibles del América.

Foto por: Osnelly Ramirez
Durante la conversación, Morales recordó que alguna vez fue un aficionado celeste. Habló de la ilusión con la que seguía a La Máquina y de lo goleador que era el equipo. En aquellos años, los de Coapa representaban para él al adversario natural: el club poderoso y ganador.
Sin embargo, el paso del tiempo transformó esa relación. Las derrotas, las finales perdidas y la larga espera por los campeonatos fueron desgastando su entusiasmo. Morales explicó que no se alejó de los celestes por una sola derrota, sino por la acumulación de frustraciones, » Me dio el síndrome de Estocolmo jaja…y me fui encariñando con el enemigo», mencionó cuando le preguntaron por el cambio.

Foto por: Osnelly Ramirez
El momento decisivo llegó en la final de 2018, cuando América derrotó al Cruz Azul. Morales había dicho que, si las Águilas vencían, dejaría de apoyar a La Máquina. Cumplió su palabra y comenzó a identificarse con el conjunto azulcrema. La decisión provocó burlas, críticas y acusaciones de oportunismo, especialmente entre quienes consideraban que la lealtad a un club debía ser permanente.
En Voces Celestes, el comentarista no negó su pasado. Por el contrario, lo utilizó para explicar su presente. Ahora defiende a las águilas porque encontró en ellas una identidad relacionada con la competencia, la grandeza y la posibilidad de celebrar.

Foto por: Osnelly Ramirez
El estreno terminó convertido en una crónica de cambio y contradicción: un antiguo celeste volvió a hablar entre voces cementeras para explicar por qué abandonó La Máquina y eligió al América. Su historia recuerda que, en el futbol, los colores pueden cambiar, aunque el pasado nunca desaparece por completo.
Edito: Osnelly Ramirez


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