Montse Salazar vivió el Clásico Capitalino desde la grada del Olímpico Universitario. A sus nueve años, alentó a Pumas hasta el último minuto, incluso cuando el triunfo terminó en manos del América.
Por: Emiliano Vargas
Entre la marea de aficionados que llenó el Estadio Olímpico Universitario para el Clásico Capitalino, una figura pequeña pero llena de energía destacaba en la grada: Montse Salazar, una niña de 9 años con la camiseta auriazul de Pumas bien puesta y los ojos brillando con cada jugada de las universitarias.
Montse no necesita que le expliquen por qué grita con tanta fuerza. Desde que tenía memoria, sus padres le inculcaron el amor por los colores dorado y azul. “Son los colores de la familia”, le decían cada vez que la vestían con la playera del equipo para ir al estadio o ver los partidos desde casa.

Pero hay algo más que la une con Pumas: su amor por los felinos. A sus 9 años, Montse ya es una amante declarada de los gatos, los leones, los tigres… todos. Para ella, el escudo con el puma en el pecho no es solo un logo: es el símbolo de su equipo favorito y, de alguna forma, de su animal favorito.
Cuando Stephanie Ribeiro abrió el marcador al minuto 18, Montse saltó de su asiento como si hubiera anotado ella misma. Con los brazos en alto y la voz quebrada por la emoción, gritó el gol una, dos, tres veces. Sus padres, sentados a su lado, sonrieron: sabían que ese momento quedaría grabado en su memoria.
Durante el primer tiempo, la niña no dejó de alentar. Cada vez que Pumas recuperaba el balón, Montse levantaba los brazos como una directora de orquesta, pidiendo que el ataque avanzara. Cuando América empató al 44 con gol de Geyse Ferreira, su rostro cambió. Por primera vez en la noche, guardó silencio.

El gol que dolió (pero no apagó su voz)
En el segundo tiempo, la ilusión de Montse volvió a encenderse. Cada llegada de Pumas al área americanista era celebrada como si fuera el gol del triunfo. Pero cuando el reloj marcó el minuto 90 y Geyse Ferreira completó su doblete para darle la victoria al América, el silencio de Montse fue más largo.
Montse Salazar tiene 9 años, ama a los felinos y lleva los colores de Pumas en la piel. Y aunque esta noche el resultado no la favoreció, su voz no se apagó. Porque para ella, ser de Pumas no es solo ganar, es alentar hasta el último minuto, sin importar el marcador.
Editó: Ximena Fernández


Deja un comentario