
Por: Allisson Montesinos
Elegir un equipo es un lazo tan fuerte como cuando contraes matrimonio. Te casas con él para toda la vida. Si eres suertudo, encontrarás a alguien que comparta esa pasión contigo, y así fue la historia de Francisco y María.
Su historia se remonta a 1970, justo cuando el Cruz Azul empezaba su época dorada. Ellos comenzaron su historia de amor. Mientras Superman Marín volaba en la portería y Fernando Bustos rompía las redes, ellos, desde la tribuna, pintaban su historia de azul, haciendo crecer su amor al ritmo de un mismo corazón.
El amor los sorprendió en la plenitud de sus 20 años. Para él, el azul no era un gusto más, sino una herencia familiar que le enseñó que el fútbol también unía vidas. Para ella, fue la revelación de sus quince años, esa edad en la que eliges las pasiones que te acompañarán por el resto de tu vida.
Así que ahí, envueltos por el humo azul y el ruido de la grada, entendieron que el fútbol no solo les regalaba victorias, sino también la oportunidad de encontrar al amor de sus vidas. Cosecharon su amor en la misma tierra fertilizada por la gloria. Con cada campeonato que conquistaba la Máquina, su compromiso se hacía más fuerte: en el mismo año en que levantaron la copa, consagraron su amor en el altar.
Vieron al equipo tocar el cielo una y otra vez, como una promesa renovada, y en cada vuelta olímpica que festejaron juntos, se miraban a los ojos, sabiendo que la verdadera victoria no estaba solo en la cancha, sino en inmortalizarse al mismo tiempo que su equipo.
Ellos mismos lo explicaron con una metáfora sobre sus vidas: amarse se sentía como ser aficionado de corazón. No solo se festejan las victorias, sino que te quedas apoyando en los momentos de crisis, siempre confiando en que vendrán tiempos mejores.
Con el pasar de los años, han visto al equipo atravesar todo tipo de situaciones: largas sequías, finales perdidas, remontadas y el regreso al lugar al que pertenece: la cima. Porque un matrimonio como el de ellos no es un amor de temporada; es ponerse la camiseta para hacer eco en la eternidad.
Editor: Saúl Peláez


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