Rafael Aparicio, director del documental sobre el Atlante, reconstruye la historia del club a través de sus archivos, sus personajes y los aficionados que han mantenido viva su pasión durante generaciones.

Por: Valentina Gutiérrez
Fotos: Rodrigo Sánchez
Para Rafael, contar la historia del Atlante va mucho más allá de recordar campeonatos, jugadores o partidos. Su documental, que se estrenará el 28 de octubre en la Cineteca Nacional, busca mostrar qué hay detrás de uno de los equipos con más historia del futbol mexicano: las personas que lo siguen, las experiencias que han vivido junto a él y las razones por las que, a pesar de los años y las dificultades, siguen siendo atlantistas.
La idea nació de Arturo Rivera, quien le propuso reunirse con Emilio Escalante, dueño del Atlante, para plantearle la posibilidad de hacer una película sobre el equipo. Lo que en un principio parecía un proyecto más corto terminó convirtiéndose en un trabajo de tres años, en el que el director encontró muchas más historias de las que imaginaba.

Escalante fue una pieza importante durante el proceso, no solo por su relación con el club, sino también por el conocimiento y la pasión que tiene por sus colores. Junto con Rivera, impulsó una producción independiente que buscaba recuperar la memoria de una institución que ha pasado por distintas etapas a lo largo de su historia.

El documental reúne a cerca de 50 personas, entre exjugadores, periodistas, figuras relacionadas con el equipo y aficionados. Para el cineasta, que cuenta con 23 años de trayectoria, no bastaba con contar los títulos o repasar las temporadas más importantes. También quería entender qué hace que alguien siga apoyando al Atlante incluso cuando las cosas no salen bien, y por qué tantos seguidores mantienen su identidad atlantista a pesar del paso del tiempo.
Entre las historias que reúne el documental está la de don Rosalío, un aficionado que perdió la vista, pero que sigue acompañando al Atlante con ayuda de su esposa, quien le narra los partidos cuando van al estadio. También aparece Ruffles, integrante de la porra La Tito Tepito, que lleva su pasión por el equipo hasta su propio camión, y una familia de Hidalgo que ha guardado recortes de periódico del Atlante durante décadas. A través de estas historias, fotografías y objetos antiguos, Aparicio muestra que la historia del club también se construye con los recuerdos de sus aficionados.

Más que buscar premios o reconocimientos en festivales, la intención es que la película llegue a quienes han acompañado al Atlante durante años. Arturo “El Rudo” Rivera fue una de las personas que más insistió en que el proyecto debía terminarse pensando en los aficionados. Tras su fallecimiento, cumplir con ese compromiso adquirió un significado especial para el director, quien dedicó el documental a su amigo y a los atlantistas que ya no pudieron ver al equipo de regreso en Primera División.
La película comenzó a realizarse antes del regreso de los “Potros de Hierro” a la Primera División. Sin embargo, Aparicio decidió no centrarla en el ascenso o el descenso, porque quería contar una historia que siguiera teniendo sentido con el paso de los años. Para él, la historia del Atlante va más allá de los resultados y de la categoría en la que juegue.

Al final, la historia no solo está en sus campeonatos o en los jugadores que han vestido su camiseta. También vive en las fotografías que las familias han guardado durante años, en los recortes de periódico y en los recuerdos que pasan de una generación a otra. Está sobre todo, en los aficionados que siguen apoyando al equipo sin importar lo que pase. Eso es lo que Rafael Aparicio busca mostrar con su documental, que el atlantismo no es solamente parte del pasado, sino una historia que sigue viva en cada persona que siente estos colores.

Editor: Alejandro Aguilar


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