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Cientos de aficionados se reunieron en Reforma para celebrar el regreso de Checo Pérez, quien encendió la emoción con donas, acelerones y autógrafos.


Por: Valentina Gutiérrez

Fotos: Bruno Mota


Había quienes buscaban un lugar entre la multitud, quienes se estiraban para alcanzar a ver por encima de otras cabezas y quienes encontraron una solución mucho más alta en los árboles, las bardas y los hombros de sus familiares. Algunos incluso compraban bancos para ganar unos centímetros de altura, todo servía con tal de conseguir una buena vista para ver el regreso de Sergio “Checo” Pérez bajo el sol de la Ciudad de México, cientos de aficionados buscaban la manera de no perderse ni un segundo del regreso del “ministro de defensa” a las calles de su casa.

El ambiente comenzó algo apagado, pero la espera tenía una razón. Los aficionados querían ver de nuevo al mexicano al volante de un monoplaza y no todos los días tienen esa oportunidad tan cerca. Poco a poco, la atención se concentró en el recorrido entre el Ángel de la Independencia y la Diana Cazadora. Las horas de espera, el calor y los intentos por encontrar un buen lugar quedaron en segundo plano cuando el motor comenzó a rugir.

X: @Cadillac_F1

Entonces apareció el mexicano estrella, mientras la gente coreaba “el viejo sabroso”. El monoplaza avanzó y el sonido del motor se escuchó por encima de todo, la emoción cambió por completo cuando el norteño comenzó a hacer donas. El auto giraba sobre el pavimento, el humo salía de los neumáticos y, por unos momentos, las miradas siguieron cada uno de sus movimientos. No era una carrera por puntos ni una lucha por el podio, pero sí una oportunidad de ver de cerca la velocidad de un Fórmula 1.

Entre el humo y el ruido, Checo también regaló uno de los momentos más esperados por sus fanáticos de todas las edades, el regalo de navidad se adelantó unos meses y el mexicano se bajó del monoplaza para acercarse a la gente a saludarla y a firmar algunos autógrafos. 

Aficionado del automovilista

Detrás del casco y del volante estaba el piloto al que muchos habían esperado durante horas bajo el sol, buscando un espacio entre la multitud para poder verlo. Checo es un piloto que no importa si no te gusta el deporte, te invita a ser parte de millones de mexicanos que se unen a disfrutar de eventos como este. 

La exhibición también tuvo un momento para mirar hacia atrás, a Checo le preguntaron qué le diría a la versión de sí mismo que debutó en la Fórmula 1 en 2011,  y su respuesta fue breve: “Que lo disfrute”. Cuatro palabras que cobran sentido después de 15 temporadas en la categoría y una carrera construida a base de esfuerzo, cambios y retos. El tiempo pasa rápido, y el mexicano está viviendo una etapa especial al regresar a casa como piloto de Cadillac, mientras se prepara para alcanzar los 300 Grandes Premios. 

Checo Pérez en el showrun

Al final, el showrun dejó mucho más que el recuerdo de unas donas y el humo sobre el asfalto. Dejó la imagen de aficionados que buscaron la forma de verlo desde donde fuera, incluso desde las alturas, y de una avenida que por unas horas se convirtió en punto de encuentro para quienes comparten la pasión por el automovilismo. Checo volvió a Reforma y la gente respondió a su manera: esperando, buscando un lugar y celebrando cada acelerón. Porque para muchos no se trataba solamente de ver pasar un auto, sino de encontrarse otra vez con el piloto que ha representado a México durante 15 años en la Fórmula 1.


Editor: Emiliano Monroy

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