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Tras un año de ausencia, Sergio Pérez regresó al Gran Premio de México con Cadillac y recibió una vez más el cariño de una afición que nunca dejó de apoyarlo.


Checo Pérez recibiendo el cariño de la afición mexicana

Por: Valentina Gutiérrez


El Autódromo Hermanos Rodríguez se llenó de banderas, playeras y gorras de todos los equipos, pero entre tantos colores hubo uno que destacó durante el fin de semana. El número 11 de Sergio Pérez apareció en las tribunas, en los carteles y en las manos de miles de aficionados que esperaban volver a verlo correr en casa después de un año de ausencia.

Desde las primeras actividades del Gran Premio, el ambiente dejó claro que la afición mexicana tenía muchas ganas de recibirlo. Cada vez que Checo aparecía en las pantallas o salía a la pista, los gritos no tardaban en escucharse. Entre aplausos, banderas y celulares levantados, también se repetía una de las frases que acompañaron al mexicano durante todo el fin de semana “¡El viejo sabroso!” se escuchaba una y otra vez entre las gradas, convirtiéndose en uno de los cánticos más populares de su afición.

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Esta vez, Checo llegaba con una nueva escudería, Cadillac, y eso también se hizo notar entre los asistentes. Los colores del equipo comenzaron a mezclarse con las tradicionales playeras del mexicano. Aunque su uniforme era diferente, el cariño de la gente seguía siendo el mismo. Para muchos, verlo nuevamente en la parrilla era suficiente motivo para celebrar, sin importar la posición que ocupara en la pista.

Las tribunas también tenían espacio para los seguidores de Ferrari, Max Verstappen y Lewis Hamilton. Cada uno tenía su propia afición y el autódromo se convirtió en una mezcla de banderas, colores y cánticos. Sin embargo, el regreso de Checo le dio un significado especial a esta edición del Gran Premio. Su presencia no representaba solamente una participación más en la temporada, sino el reencuentro de un piloto con miles de personas que durante años lo han acompañado.

Durante tantos años, el mexicano consiguió que muchas personas se acercaran a la Fórmula 1 y este fin de semana quedó claro que ese vínculo sigue presente. No importaba si estaba en una práctica o durante la competencia, cada aparición del número 11 provocaba una reacción en las gradas. Los gritos de «¡Checo, Checo!» y «¡el viejo sabroso!» recordaban que la afición no había olvidado a su piloto.

El Gran Premio de México fue también una muestra de que el cariño por Checo va más allá de los resultados. Una nueva etapa comenzó con Cadillac, pero el apoyo de su gente permaneció intacto. Porque hay pilotos que representan a una escudería, pero hay otros que hacen que todo un país se sienta parte de la Fórmula 1, y Checo sigue siendo uno de ellos.


Editor: Emiliano Monroy

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