
Por: Christopher Isoard
PESE A LA DERROTA DEL ATLANTE, LA AFICIÓN MANTUVO EL APOYO A SU EQUIPO
En un Estadio de la Ciudad de los Deportes lejos de su capacidad máxima, la gran afición del Atlante hizo que el inmueble retumbara como si estuviera lleno , llenando las butacas vacías con el alma, coraje y corazón que se reflejaban en sus cánticos.
De principio a fin no hubo un segundo en el que se dejara de oír a la gran afición azulgrana, que opaco por completo a la poca o casi nula presencia de los aficionados del Tapatío.
El gol de Armando Escobar, provocó una segunda ola de cánticos atlantistas, que fueron correspondidos en el terreno de juego con entrega y coraje de la escuadra dirigida por Mario García, que entre patadas, calambres y un mar de piernas en el área jalisciense buscaban ese gol que los llevaría al alargue.
Sin embargo, ni la superioridad numérica ni el apoyo proveniente de las gradas fueron suficientes para sobreponerse a un Tapatío aguerrido y con gran corazón como caracteriza a la franquicia rojiblanca.
A pesar de consumarse la derrota del acuapotro la porra siguió con sus cánticos, incluso en la premiación del conjunto jalisciense, mientras que en la zona lateral del estadio hubo conatos de bronca que fueron rápidamente intervenidos por las autoridades del estadio.
Han pasado nueve años desde que el equipo del pueblo descendió de la máxima categoría del futbol mexicano, pero sus seguidores se han mantenido fieles, aguantando incluso que movieron al equipo a Cancún, para posteriormente regresarlo a la CDMX, la afición atlantista ha peleado y apoyado sin parar a su equipo, todo con la ambición de algún día regresar a primera división pero sus gritos, plegarias y súplicas se ahogan en un mar de indiferencia hacia los equipos de Expansión MX.
Atlante perdió el partido, pero su afición demostró estar presente más allá de los resultados, ya sea en la CDMX o Cancún, en primera división o en Expansión, Campeones o subcampeones, los aficionados azulgranas siguen y seguirán apoyando orgullosamente a su amado Potro de Hierro.
📸: Patricio Oropeza

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