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En un escenario incómodo y de máxima exigencia, el equipo de Flick impuso carácter, sobrevivió al caos del Getafe y salió con un 0-2 que lo deja con la mano prácticamente sobre el título.

Por: Carlos Rentaría

Hay partidos que no se ganan solamente con talento, sino con paciencia quirúrgica, con temple de líder y con la convicción de quien sabe que la meta ya se asoma en el horizonte. En el Coliseum, territorio históricamente incómodo y áspero para cualquiera que vista de azulgrana, el FC Barcelona no solo venció 0-2 al Getafe: desactivó una emboscada, silenció uno de los escenarios más hostiles de LaLiga y dejó la mano extendida hacia el trofeo liguero.

El equipo de Hansi Flick llegó al sur de Madrid con la oportunidad servida en bandeja tras el tropiezo del Real Madrid ante el Betis. Once puntos de ventaja con apenas cinco jornadas por disputar no son una casualidad, sino la consecuencia de una maquinaria que ha aprendido a sufrir, a dominar y a golpear en el momento exacto. Sin Lamine Yamal, baja sensible por lesión, y en una cancha donde no ganaban desde 2019, el examen no era menor.

Getafe, fiel al libreto de José Bordalás, salió como un vendaval incómodo: presión alta, duelos físicos, césped impredecible y un ambiente de guerra futbolística. Mauro Arambarri avisó temprano con un cabezazo que encontró a Jules Koundé como muro improvisado. Era el primer mensaje: aquí no habría paseo.

Durante varios minutos, el Barça pareció buscarse a sí mismo. Lewandowski quedaba aislado, las conexiones ofensivas morían en la orilla y Pedri todavía no encontraba el compás exacto de la noche. Pero cuando el canario empieza a leer espacios, el partido cambia de idioma.

Fermín López entendió antes que nadie por dónde sangraba el Getafe. Desde la izquierda encontró profundidad, desborde y agresividad. Fue precisamente una recuperación de Pau Cubarsí la que abrió la jugada decisiva antes del descanso: robo limpio, transición inmediata y un pase de Pedri que fue bisturí puro. Fermín definió con la serenidad de quien entiende que los títulos también se escriben en silencios oportunos

En la segunda mitad, Bordalás intentó reactivar a los suyos adelantando líneas y empujando al Barça hacia su propia área. Hubo tensión, hubo momentos donde el empate pareció rozar el césped del Coliseum. Dos balones en el área pequeña que Getafe no supo rematar fueron la última advertencia seria para los culés.Ahí apareció otra de las virtudes del líder: saber sobrevivir al caos.

Frenkie de Jong entró para darle pausa al centro del campo y Marcus Rashford, recién ingresado, aportó vértigo y amenaza constante por la banda derecha. Flick leyó el partido con precisión. Cuando Getafe se lanzó con todo al frente, dejó el espacio exacto para el castigo.

Más allá del marcador, la clave estuvo en la madurez competitiva. Este Barcelona ya no necesita exhibiciones permanentes para imponerse. Puede ganar con brillo, como ante Valencia o Newcastle, pero también puede hacerlo en el barro, donde antes se ahogaba. Esa transformación explica por qué hoy mira a todos desde arriba.

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Pedri dirigió la orquesta, Cubarsí volvió a mostrar temple de veterano y Fermín sigue consolidándose como ese futbolista incómodo para el rival y valiosísimo para su entrenador. Rashford, mientras tanto, parece decidido a convertir su cesión en una historia con final permanente en Cataluña.

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Getafe vendió cara la derrota, como acostumbra, pero el Barça encontró la salida a la trampa. No se dejó arrastrar por el desorden ni por la ansiedad del contexto. Jugó como juegan los campeones: con serenidad y con crueldad.

La Liga todavía no está matemáticamente cerrada, pero emocionalmente ya tiene dueño. El próximo capítulo podría escribirse en la siguiente jornada o, de forma aún más poética, en el Clásico. Porque si algo dejó claro esta noche el equipo de Flick, es que no está persiguiendo el título: está caminando directamente hacia él.

Ficha del Partido:

Coliseo Alfonso Pérez| LaLiga| Jornada 32

Getafe 0-2 FC Barcelona

45+1’ Fermín

74’ M. Rashford

Editor: Santiago Rocha

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