Los festejos de miles de aficionados no se hicieron esperar y la ciudad fue fiesta y carnaval tras la victoria de México y lograr la clasificación a la siguiente ronda

Por: Erick Cruz
40 años fue lo que tuvo que esperar México para ganar un partido de eliminación directa del Mundial, y sí, el 30 de junio quedará grabado en la memoria de todos los mexicanos. Gente que, sin ir al estadio, convirtió las calles de la CDMX en la tribuna más pasional que pueda existir. Todos con la misma ilusión.
El no conseguir boleto no fue impedimento, pues familias, amigos y parejas salieron a convertir las calles en su propio estadio. Era tanta gente que las pantallas gigantes no eran suficientes, que para lograr ver el partido algunas personas optaban por subir a los árboles; hasta ese punto llega la pasión del mexicano.

Todo era fiesta. Los aficionados se metieron de lleno al encuentro, tanto así que cada jugada buena del Tri se festejaba como gol y, claro era un buen momento para ondear las banderas, lanzar espuma o, mejor aún, escuchar el “quiere volar, quiere volar” y, en menos de dos segundos, una persona ya estaba por los aires.
La gastronomía también fue parte de la fiesta. Se escuchaba el típico “vamos por unos tacos, wey”, porque no hay mejor manera de disfrutar del futbol que con buena compañía y buena comida.

Hoy la Selección le regaló al pueblo mexicano un momento de desahogo. Dos goles y un pase a los octavos se festejaron como un campeonato. Lágrimas corrían por el rostro de algunos aficionados; otros lo festejaban con abrazos e incluso con besos. Lo mejor de todo es que la ilusión continúa y solo existe una pregunta: ¿y si sí?.
Editó: Ever Martínez


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