– La Albiceleste sufrió más de lo esperado para vencer 3-2 a Cabo Verde en tiempo extra y clasificar a los octavos de final.

Por: Natalia Bejaranos

En el papel, Argentina debía avanzar. En la cancha, tuvo que ganárselo. Cabo Verde convirtió una eliminatoria que muchos imaginaron cómoda para la Albiceleste en un partido de resistencia, paciencia y carácter. El 3-2 en tiempo extra terminó poniendo a los campeones del mundo en los octavos de final, pero también confirmó que el conjunto africano llegó a este Mundial para algo más que ser un simple invitado.

La posesión fue Albiceleste desde el inicio, aunque durante los primeros 25 minutos el partido caminó a un ritmo discreto, sin demasiadas emociones. La columna vertebral formada por Enzo Fernández, Thiago Almada y Nahuel Molina fue la encargada de darle sentido a la circulación argentina, con un objetivo claro: garantizar que el balón llegara a los pies de Messi en las mejores condiciones posibles.

La recompensa llegó al minuto 28. Lisandro Martínez encontró al capitán argentino con un pase preciso y Messi hizo el resto. Controló el balón con la naturalidad de quien convierte una jugada compleja en algo cotidiano y definió con una sutil picada sobre Vozinha, firmando uno de esos goles donde la técnica pesa más que la potencia.

Hasta entonces, Cabo Verde había hecho exactamente el partido que necesitaba. Defendió con orden, cerró espacios y nunca dejó de competir. No fue un equipo encerrado ni resignado; esperó el momento adecuado para dar un paso al frente. Y cuando el desgaste provocado por el calor y la humedad comenzó a sentirse, encontró la oportunidad que llevaba esperando toda la noche.

La segunda mitad mostró la mejor versión del conjunto africano. Deroy Duarte primero avisó con la ocasión más clara y después encontró el empate que cambió por completo la eliminatoria. Argentina había comenzado a administrar la ventaja, pero Cabo Verde le recordó que en un Mundial ningún partido se gana antes del silbatazo final.

Si hubo un futbolista capaz de sostener esa ilusión fue Vozinha. El guardameta respondió una y otra vez cuando Argentina parecía encontrar el camino al gol. Con cada atajada levantó un muro que desesperó a la Albiceleste y mantuvo con vida a un equipo que nunca perdió la convicción de que podía competir de tú a tú con el campeón del mundo.

Tras el empate en los 90 minutos, el partido siguió cambiando de dueño en la prórroga sin pertenecerle realmente a nadie. Lisandro Martínez apareció al inicio del tiempo extra para devolverle la ventaja a Argentina, pero Cabo Verde volvió a levantarse con un golazo de Sidny Lopes. El universo, sin embargo, tiene distintas formas de jugar con el destino, y fue un infortunado autogol de Diney al 111’ el que terminó dándole el pase a octavos a los sudamericanos.

Al terminar el encuentro, Enzo Fernández reconoció lo que todos habían visto sobre el césped: “Cabo Verde hizo un gran partido, nos puso dificultades”. La frase no fue un simple gesto de cortesía, sino el reflejo de una selección que obligó a Argentina a jugar siempre al límite.

Pero si algo deja este partido, va más allá del resultado. Hay selecciones que se despiden llevándose únicamente la eliminación; Cabo Verde se marcha dejando un recuerdo. Le plantó cara al campeón del mundo, nunca dejó de creer cuando el marcador estaba en contra y obligó a Argentina a jugar 120 minutos para seguir con vida. Quizá no continúe en el torneo, pero sí en la memoria de esta Copa del Mundo.

Porque justo esta es la magia de la competencia: durante unas horas desaparecen las diferencias de historia, de plantel y de jerarquía. Solo quedan once contra once, un balón y la posibilidad de que un país entero descubra que también pertenece a este escenario.

Editó: Diego Sánchez

Ficha técnica

Evento: Dieciseisavos de final de la copa del mundo 2026

Fecha: 3 de julio de 2026

Partido: Argentina – Cabo Verde

Goles: Lionel Messi, Lisandro Martínez, Diney (autogol) , Sindy Cabral, Deroy Duarte

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