España volvió a ser campeón mundial tras vencer 1-0 a Argentina en tiempos extra. La Roja recuperó el trono con una actuación dominante y puso fin al probable último Mundial de Lionel Messi.
Por :Sebastián Alfaro
Desde aquella noche en Johannesburgo, Andrés Iniesta había escrito una de las páginas más gloriosas del futbol español y La Roja no había vuelto a levantar la Copa del Mundo desde 2010.
La final enfrentó a dos selecciones que llegaron por caminos distintos en donde hubo de todo: tensión, oportunidades desperdiciadas y una prórroga dramática. El destino quiso que el camino de regreso al trono se quedara entre España y Argentina, que era la vigente campeona, y por Lionel Messi que parece que será su último Mundial de su carrera.
España llegó respaldada por un futbol de posesión, presión alta y una generación joven que creció durante el torneo, pues fueron la mejor defensiva en toda la Copa del Mundo; Argentina, fiel al estilo de Lionel Scaloni, apostó por el orden defensivo, la intensidad en cada duelo y la experiencia de futbolistas que ya sabían lo que era jugar partidos de esta magnitud.
El conjunto de Luis de la Fuente asumió el protagonismo y la pelota tuvo gran posesión española durante la mayor parte del encuentro, Rodri equilibró el mediocampo y Lamine Yamal intentó romper constantemente por las bandas. Sin embargo, enfrente apareció una Argentina disciplinada, que resistió cada ataque con una defensa bien organizada y con Emiliano Martínez respondiendo cuando fue exigido.
Mientras España buscaba espacios, la albiceleste intentó hacer lo que tantas veces consiguió a lo largo de la copa del mundo cambiar un partido con una sola acción. Bajó hasta la mitad del campo para participar en la construcción del juego, distribuyó el balón y buscó asociarse con Julián Álvarez, aunque la presión española limitó cada uno de sus movimientos.
El trabajo defensivo de La Roja fue prácticamente perfecto en los 120 minutos, Argentina no consiguió realizar un solo remate al arco, una muestra del control que ejerció el conjunto de Luis de la Fuente, que durante toda la copa del mundo solo recibió un gol.
Tras él constante ataque de España en los tiempos extras apareció Ferran Torres, quien encontró un espacio dentro del área para poner a La Roja en ventaja.
Argentina empujó con el orgullo de un campeón que se negaba a entregar la corona y tras varios intentos no lograron concretar una solo jugada que exigiera a Unai Simón.
La tensión de la final también se hizo presente tras el silbatazo final, España era campeona mundial 16 años después, de igual manera en tiempo extra y por la mínima, tras los festejos españoles aparecieron algunos empujones y reclamos entre jugadores de ambas selecciones, esto obligó a la intervención de compañeros y cuerpos técnicos para evitar que la situación fuera más grave.
Lionel Scaloni el director técnico argentino dejó de lado cualquier explicación táctica y habló desde el orgullo y corazón por el recorrido de su equipo.
“Tengo un agradecimiento eterno a estos chicos, porque llegar hasta acá cuesta un montón. Somos grandes en la victoria y tenemos que ser grandes en la derrota. Nos acordamos de lo hecho. Dimos todo. Sabiendo que hemos dejado todo. Tengo muchas cosas para decir, pero no merece la pena.”
Sus palabras reflejaron el espíritu con el que Argentina defendió el título hasta el último minuto y mientras los españoles celebraban con la copa en las manos, del otro lado solo quedaban lágrimas de haberlo intentado.
Editó: Aide Báez


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