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gente, bombos y porras, fueron los ingredientes de una noche escéptica entre afición y jugadores previo al encuentro

El Club Deportivo Guadalajara atraviesa un buen momento. Ocupa el segundo lugar de la tabla general de la Liga MX y tiene la posibilidad de apoderarse de la cima si derrota a su rival más histórico: el América.

Con esa oportunidad en el horizonte, los jugadores rojiblancos llegaron a la Ciudad de México para disputar una nueva edición del Clásico Nacional. Afuera del Galería Plaza Hotel, bajo una noche nublada que coqueteaba con la lluvia, la afición comenzó a reunirse para recibirlos.

Foto: Ximena Fernández

Familias, aficionados y barras de animación procedentes de Nezahualcóyotl, Naucalpan, Texcoco, la propia Ciudad de México y otras partes del país se apoderaron de la explanada. Aunque llegaban desde distintos lugares, todos compartían un mismo objetivo: transmitirles su apoyo a los jugadores antes del encuentro más esperado del torneo.

La euforia se manifestó mediante cánticos que reflejaban la ilusión de una afición que lleva años esperando un nuevo título de Liga. Algunos bailaban entre la multitud; otros coreaban los nombres de sus futbolistas favoritos, y los más entregados cantaban hasta quedarse sin voz.

Foto: Ximena Fernández

La espera terminó a las 8:50 de la noche, cuando los jugadores salieron para convivir con su gente. El “Oso” González, Brian Gutiérrez, Santi Sandoval y, especialmente, el “Piojo” Alvarado fueron algunos de los más solicitados y ovacionados.

Foto: Ximena Fernández

Los integrantes del plantel se dieron tiempo para saludar a los aficionados y tomarse fotografías con ellos. Sin embargo, cuando parecía que el encuentro había llegado a su fin, tuvieron un último detalle con los más pequeños, quienes ahora los observan como sus principales referentes: permitieron el ingreso de numerosos niños al hotel para que pudieran convivir con ellos durante algunos minutos.

Hubo quienes tuvieron la fortuna de saludarlos; otros únicamente lograron observarlos de cerca, y los más afortunados consiguieron llevarse un recuerdo firmado, ya fuera un jersey, una gorra o un cartel. Para muchos, aquellos breves minutos fueron suficientes para convertir más de dos horas de espera en una experiencia que difícilmente olvidarán.

Afuera, el ambiente seguía siendo estruendoso. Las barras no dejaban de tocar, los aficionados coreaban nombres y la gente bailaba mientras los propios jugadores se sumaban a los cánticos contra el América. El hambre y el espíritu que exige un Clásico Nacional estaban presentes, al menos durante la bienvenida.

Foto: Ximena Fernández

Pero esa rivalidad, que puede comenzar a expresarse fuera de la cancha, deberá demostrarse dentro del terreno de juego. De lo contrario, las imágenes de los futbolistas del Guadalajara bailando y entonando cánticos contra el América podrían convertirse en una postal incómoda cuando el partido llegue a su fin.

Por ahora, la afición rojiblanca disfruta el momento. Entre la multitud se escuchaba a personas asegurar que nunca habían visto tanta gente ni tanta emoción en una recepción de este tipo. Los seguidores se marcharon con la garganta desgastada y la ilusión renovada; los jugadores, en cambio, regresaron al hotel con un semblante tranquilo, a pesar de encontrarse ante uno de los compromisos más importantes de su temporada.

Foto: Ximena Fernández

La serenidad la pusieron ellos. El ruido, las canciones y la esperanza corrieron por cuenta de su gente. Ahora falta lo más importante: que la euforia vivida afuera del hotel encuentre una respuesta dentro de la cancha.

Edito: Axel Pérez

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