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La afición rojiblanca se reunió en serenata para apoyar a los suyos previo al clásico nacional

Era una noche nublada que coqueteaba con la lluvia en la explanada del Galería Plaza Hotel, en San Jerónimo. A pesar de la amenaza del cielo y de las más de dos horas de espera, decenas de aficionados permanecían en el lugar con la esperanza de ver, aunque fuera por unos segundos, a los jugadores del Club Guadalajara antes del Clásico Nacional del Apertura 2026.

Entre aquella multitud se encontraban Santiago y Sofía, sobrinos de la señora Norma. El cansancio y la impaciencia ya comenzaban a vencerlos. Ambos se quejaban y les repetían a su mamá, a su papá y a su tía que querían regresar a casa. Después de tanto tiempo esperando, la llegada del Rebaño Sagrado parecía no compensar todavía el desgaste de la noche.

Foto: Ximena Fernández

Sin embargo, todo cambió cuando tuvieron la oportunidad de ingresar al hotel y convivir durante un par de minutos con los futbolistas rojiblancos. Algunos niños consiguieron saludarlos; otros únicamente pudieron observarlos de cerca. Santiago y Sofía, por su parte, se llevaron sus playeras firmadas por Santi Sandoval, jugador del Guadalajara.

Foto: Ximena Fernández

“No me lo esperaba, mi sueño se ha hecho realidad”, fueron las palabras de Santiago después de ver la emoción de los pequeños. De pronto, las más de dos horas de cansancio, quejas e incertidumbre quedaron atrás. La espera había valido la pena.

Vaya manera de vivir su primera experiencia recibiendo a los jugadores del Rebaño Sagrado. Su tía nos contó que tanto ella como sus hermanos e hijos acuden año con año al hotel para darles la bienvenida. Sin embargo, esta fue la primera ocasión en la que llevó a sus sobrinos, quienes ahora tendrán un recuerdo para toda la vida.

Foto: Ximena Fernández

Pero la emoción no quedó únicamente en ellos. La propia señora Norma confesó que, durante todos los años que lleva acudiendo al hotel para recibir a los jugadores, cantarles y llevarles serenata, nunca había visto tanta gente ni una ilusión tan grande como la que se vivió esa noche.

Los niños se marcharon con una experiencia memorable. Los adultos, por su parte, permanecen expectantes ante lo que pueda venir después de tantos años de sequía y ahora que el Guadalajara vuelve a contar con un equipo competitivo, capaz de disputar los primeros puestos de la tabla. Mientras tanto, las barras hicieron lo de siempre: alentar hasta el cansancio entre cánticos de “Mi corazón pintado tricolor, te quiere ver campeón” e innumerables “dale, dale rebaño”.

Foto: Ximena Fernández

Porque, por unos minutos, afuera de aquel hotel nadie pensó en la espera ni en las decepciones del pasado. Entre playeras firmadas, serenatas, un cielo que amenazaba con romperse y gargantas desgastadas, la afición rojiblanca volvió a permitirse soñar.

Edito: Axel Pérez

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