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El amor por el Atlante llevó a Juan Carlos a llamar Atlanta a su nieta, una pequeña que ya forma parte de la historia azulgrana de su familia.


Aficionados del Atlante reunidos en la proyección del documental

Por: Rodrigo Sánchez

Fotos: Bruno Mota


Hay pasiones que se heredan, otras que se viven en familia y algunas que llegan tan lejos que terminan convirtiéndose en parte de un nombre. Atlanta es una de esas historias. 

Todavía es pequeña para comprenderlo, pero ya lleva consigo una historia que nació mucho antes de su llegada al mundo: la de una familia que encontró en el Atlante mucho más que un equipo de futbol.

Su nombre no fue una casualidad. Su abuelo, Juan Carlos Velázquez, tenía muy claro lo que significaba para él y su familia. “Le pusimos Atlanta por el inmenso amor que le tenemos al Atlante”, cuenta.

Abuelo de Atlanta

La pasión de Juan Carlos por los Potros de Hierro comenzó cuando tenía apenas siete años. Desde entonces, los colores azulgranas han formado parte de su vida. Su cariño por el equipo es tan grande que incluso tiene un escudo de dos metros en su casa, una muestra de que el Atlante no es solamente un equipo al que sigue, sino una parte importante de su historia.

Ese sentimiento también lo comparte con su familia. Juan Carlos habló sobre el padre de su nieta, Cristian Salas, que según él fue enviado por un ente superior. “Gracias a Dios llegó a mi vida también mi yerno, que le va al Atlante; no es casualidad, es por el amor del Atlante”, expresa.

Aficionado Azulgrana

Juntos han construido una familia en la que el futbol está presente todos los días. Recorren las calles de la ciudad a bordo de una combi pintada con los colores del Atlante y cuentan con una escuela dedicada al club. Una pasión que incluso se ha convertido en parte de su sustento. “Es una forma de agradecerle porque la escuela es nuestra fuente de ingreso”, explica Juan Carlos.

Por eso, ponerle Atlanta a su nieta representa mucho más que elegir un nombre relacionado con el futbol. Es una manera de agradecerle a ese equipo que les ha dado tanto y de transmitirle a una nueva generación el cariño por los Potros de Hierro.

La historia de esta familia encontró un escenario especial durante la presentación del documental El equipo del pueblo. Un sueño Atlante, de Rafa Aparicio. La Cineteca Nacional de Xoco recibió a cientos de aficionados que llegaron para compartir una noche dedicada a la historia del conjunto azulgrana. Entre ellos estaba la familia de Juan Carlos, que viajó desde Iztapalapa para ser parte de la celebración.

La pasión por el equipo sigue viva entre su gente

Hay lugares silenciosos en el mundo y el cine suele ser uno de ellos, pero esta noche las cosas fueron diferentes. El espacio destinado a las proyecciones al aire libre se convirtió en una tribuna. Una marea azulgrana llenó el lugar; las trompetas y los tambores comenzaron a retumbar y las voces se unieron en un mismo sentimiento. Desde niños en carriola hasta adultos mayores en silla de ruedas, todos tenían algo en común: el amor por el equipo del pueblo.

La Barra La Tito Tepito también se hizo presente. En la pantalla aparecieron figuras relacionadas con la historia del Atlante, como Miguel Herrera, Christian “Hobbit” Bermúdez, Raúl Orvañanos y Ricardo La Volpe, entre otros. También se recordó a aficionados como el Rufles y a la Barra La Tito Tepito. Los aplausos acompañaron distintos momentos del documental, incluidos los dedicados al Hobbit Bermúdez y a Arturo “El Rudo” Rivera.

Entre los recuerdos, las imágenes y los cánticos, la historia de Atlanta parecía contar algo más que una simple anécdota familiar. Mientras muchos llegaron a la Cineteca para recordar lo que ha significado el Atlante a lo largo de los años, Juan Carlos tenía una razón más personal para estar ahí: compartir con su familia una pasión que ahora también forma parte del nombre de su nieta.

Cientos de fanáticos del Atlante reunidos en la Cineteca Nacional de Xoco

Quizá Atlanta todavía no conoce los campeonatos, los jugadores ni las grandes historias que su abuelo podría contarle. Tal vez todavía no entiende por qué hay un escudo de dos metros en su casa o por qué una combi recorre las calles con los colores azulgranas. Pero algún día podrá descubrir que su nombre nació de una pasión que comenzó cuando su abuelo tenía siete años y que, con el paso del tiempo, encontró la manera de llegar hasta ella.

Porque el futbol no siempre se mide en goles, títulos o victorias. A veces se encuentra en una familia que recorre la ciudad siguiendo sus colores, en una escuela que representa su fuente de ingreso y en unos padres que decide llamar Atlanta a su nieta para agradecerle a un equipo todo lo que le ha dado.

El Atlante tiene una historia escrita en sus canchas y en sus aficionados, pero también tiene una que apenas comienza a escribirse: la de una pequeña niña que, incluso antes de conocerla, ya lleva la pasión por el Potro de Hierro en su nombre.


Editor: Emiliano Monroy

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